Poesía El Piyayo

Poesía El Piyayo, recitada por María Carmen García

Rafael Flores Nieto (1864-1940), conocido como El Piyayo, fue un cantaor y guitarrista flamenco de origen gitano. Nació en Málaga en el popular barrio de El Perchel, alternando su vocación musical con la venta ambulante.

Este poema, escrito por José Carlos de Luna, está dedicado a el.

Recitado por María Carmen García, de Madrigueras.

El vídeo ha sido montado por un servidor, Fernando García, partiendo del audio grabado por Fran Martínez. Contento con el resultado, después de muchos años sin tocar un editor de vídeo.


El Piyayo

¿Tú conoces al Piyayo,
un viejecillo renegro, reseco,
la mirada de gallo pendenciero
y hocico de raposo tiñoso,
que pide limosnas por tangos
y maldice cantando fandangos gangosos?

A chufla lo toma la gente.
A mí me da pena
y me causa un respeto imponente.

Ata a su cuerpo una guitarra,
que chilla como una corneja
y zumba como una chicharra,
y que tiene arrumacos de vieja pelleja.

Yo le he visto cantando,
babeando de rabia y de vino,
bailando con saltos felinos,
y tocando a zarpazo de un viejo tangazo.

Y el endeble Piyayo jadea,
y suda, y renquea,
y a sus contorsiones de ardilla,
hace son la sucia calderilla.

A chufla lo toma la gente,
A mi me da pena
y me causa un respeto imponente.

Es su extraño arte,
su cepo y su cruz
su vida y su luz,
su tabaco y su aguardientillo
y su pan y el de sus nietecillos.

Churumbeles con greñas de alambre
y panzas de sapo,
que aúllan de hambre
tiritando bajo los harapos.

Sin madre que lave su roña,
sin padre que afane,
porque pena una muerte en Santoña
sin más sombra que la del abuelo,
poca sombra, porque es tan chicuelo.

En El Altozano tiene el cuchitril,
a las vigas alcanza la mano
y por lumbre y por luz un candil.

Vacía sus alforjas
que son sus bolsillos.
Y bostezando, los siete chiquillos
se agrupan riendo.

Y entre carantoñas
les va repartiendo pan y pescao frito,
con la parsimonia de un antiguo rito.

Chavales, pan de flor de harina,
Mascarlo despasio,
mejor pan no se come en palasio.

Y este pescaito, ¿no es ná?
Sacao uno a uno del fondo del mar,
Gloria pura es.

Las espinas se comen también,
que to es alimento…
Así, despasito, muy remascaíto.

No llores, Manuela,
tu no pués, porque no tienes muelas
Es tan chiquita mi niña bonita…

Así despasito, muy remascaito,
migaja a migaja, que dure.

Le van dando fin
a los cinco reales
que costó el festín.

Luego, entre guiñapos durmiendo,
por matar el frío muy apiñaitos,
la Virgen María contempla al Piyayo
y a un ángel rubio que besa la frente
de cada gitano chiquito.

A chufla lo toma la gente.
A mí me da pena
y me causa un respeto imponente.


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